El actor y director Martín Piroyansky ha convertido un sueño en realidad con la apertura de un café que lleva el nombre de su ciudad natal: *Café Mar del Plata*. Ubicado en el barrio porteño de La Paternal, este espacio no es solo un negocio más, sino una apuesta por rescatar la esencia de los antiguos cafetines de barrio, esos lugares donde el tiempo parece detenerse entre tazas de café, conversaciones y encuentros espontáneos.
La idea surgió casi por casualidad, cuando Piroyansky decidió abrir un local junto a su casa. “Quería crear un lugar donde la gente pudiera sentirse como en casa, un rincón que evocara la calidez de esos cafés de antaño, donde uno iba a leer el diario, a trabajar o simplemente a charlar con los vecinos”, confesó el artista. Y vaya que lo logró. Desde su inauguración, el café se ha convertido en un punto de encuentro para personas de todas las edades, aunque son los adultos mayores quienes más lo frecuentan, atraídos por su ambiente acogedor y su propuesta sencilla pero auténtica.
Piroyansky, conocido por su versatilidad en el cine y la televisión, reparte su tiempo entre los sets de filmación, los ensayos teatrales y la gestión de su negocio. Sin embargo, admite que la gastronomía le ha demandado más esfuerzo del que imaginaba. “Uno cree que es solo poner un café y listo, pero hay mil detalles: desde la atención al cliente hasta la logística de los insumos. Es un aprendizaje constante”, reconoció. Aun así, el actor no se arrepiente. Para él, *Café Mar del Plata* es mucho más que un emprendimiento; es un homenaje a la cultura barrial y a esos espacios que, en medio de la vorágine urbana, ofrecen un respiro.
El local funciona con horarios pensados para adaptarse a las rutinas de sus visitantes. Por las mañanas, entre las 7 y las 9, es el momento ideal para quienes buscan un desayuno tranquilo antes de empezar el día. De 9 a 12, el café se llena de estudiantes y profesionales que trabajan con sus laptops, aprovechando el ambiente relajado. Al mediodía, de 12 a 15, el menú del día atrae a oficinistas y vecinos del barrio, mientras que por la tarde, entre las 15 y las 18, el lugar se transforma en un refugio para quienes buscan un café o un postre. Finalmente, de 18 a 21, el café cierra su jornada con un ambiente más íntimo, ideal para reuniones entre amigos o citas informales.
Lo que hace especial a *Café Mar del Plata* no es solo su carta —que incluye clásicos como medialunas, tostadas y platos sencillos—, sino su espíritu. Aquí no hay prisa, no hay pantallas que distraigan, solo mesas de madera, sillas cómodas y ese aire nostálgico que invita a quedarse. Piroyansky ha logrado algo poco común en estos tiempos: un espacio donde la comunidad se siente parte de algo, donde cada visita se convierte en un pequeño ritual de conexión humana.
El proyecto, además, ha servido como plataforma para actividades culturales. Aunque aún no tiene una programación fija, el actor ha dejado claro que le gustaría organizar charlas, presentaciones de libros e incluso pequeños conciertos. “La idea es que el café no sea solo un lugar para comer, sino un punto de encuentro donde pasen cosas interesantes”, explicó. Por ahora, los vecinos ya lo han adoptado como propio, y eso, para Piroyansky, es el mayor logro.
En un mundo donde los cafés de cadena dominan el paisaje urbano, *Café Mar del Plata* emerge como un oasis de autenticidad. No es un lugar para tomar un café rápido y seguir camino, sino para detenerse, observar y, sobre todo, disfrutar de la compañía —ya sea de un libro, de un amigo o de uno mismo—. Y en eso, precisamente, radica su encanto.



































































































































































































































































